Las puertas, la madera
y su aroma, pese a ser iguales
huelen distinto.
Un olor aceitoso de resina vieja
enfrenta la burda mirada
adolescente...
La entrada es de un roble rojo
notable, suficiente y poderosa.
¡¡Hay!!, si pareciera que el mismo dios
la traspasara para afirmar su fortaleza,
y detrás hubiese otro mundo
sin pasado ni heraldos,
meretrices ni monjas...
La gloria del roble enaltece
al árbol y su semilla
prolifera, pensar que tamaña exaltación
a la dureza, no es mas efímera
que la ceniza después del fuego
lerdo y el rescoldo,
un polvo empobrecido que se esparce,
como otras tantas cenizas
que existieron.

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